Lara Grinberg, creadora de la empresa Compañía de Sombreros: “Ser emprendedor es una pasión”

Desde su showroom en el corazón de Palermo Soho, con 10 empleados y consolidada como un referente a nivel nacional en el mercado de sombreros, Lara Grinberg no olvida las dificultades que tuvo que atravesar desde la fundación de “Compañía de Sombreros”, en 2003, para llegar hasta hoy.


Desde su showroom en el corazón de Palermo Soho, con 10 empleados y consolidada como un referente a nivel nacional en el mercado de sombreros, Lara Grinberg no olvida las dificultades que tuvo que atravesar desde la fundación de “Compañía de Sombreros”, en 2003, para llegar hasta hoy.

“Hubo momentos muy difíciles, como la crisis del campo (2008), donde al estar cortadas las rutas los sombreros no llegaban a destino y la mayoría de mis clientes, que era del interior y había comprado por internet, me cancelaba los pedidos”, recuerda. O la dificultad para traer del exterior algún tipo de género, por lo que rescata la implementación del nuevo sistema de importaciones (SIMI), ya que pudo importar un fieltro que le permite producir más sombreros: “Eso hizo que pueda ampliar mi producción y contratar a más personas”, sintetiza. Los trámites para importar “son mucho más simples y rápidos que antes”, cuenta y dice estar “gratamente sorprendida”.

La historia se remonta a 2003. Lara había terminado sus estudios en Informática y no tenía un trabajo estable. Como su padre se dedicaba al rubro textil se le ocurrió, con unos retazos de tela que a él le sobraban, empezar a diseñar sombreros.

“Siempre tuve fascinación por el mundo de la moda”, cuenta Lara y define: “Ser emprendedor es una pasión, decidí jugarme y apostar todo a eso. Vi que la moda argentina miraba mucho a Europa, y me parecía que en el mercado faltaba oferta de sombreros de calidad”, recuerda.

Así fue como se contactó con varios “sombrereros”, muchos de ellos con muchísimos años fabricando sombreros en sus propias casas, a los que les llevaba los retazos de tela y ellos le explicaban todos los secretos de la moldería.

Lara pidió plata prestada (“muy poca”, aclara), empezó a fabricar sus propias boinas y sombreros y comenzó a participar en ferias de diseño independiente.

“La primer feria en la que estuve vendí todo” recuerda, y volvió feliz a su casa con la convicción de haber encontrado su propio camino. De a poco fue creciendo, agregó nuevas propuestas, decidió viajar a distintos países e investigar qué era lo que había en otros mercados, para ir agregando valor a sus sombreros,  “siempre priorizando el diseño y los materiales de calidad”, subraya.

Pese a las dificultades que tuvo que atravesar, ella no bajó los brazos. Pese al bajón emocional y la pérdida económica de haberse quedado con casi toda la producción sin vender en 2008, diseñó una colección para la primavera siguiente que fue un éxito total.

En el futuro, sueña con exportar sus sombreros a otros mercados, mientras no para de recibir pedidos de marcas reconocidas como Cardon, Paula Cahen D´anvers, Vitamina, Key Biscayne, Uma, Carla Danelli y muchas más.

“Ser emprendedor no es estar familiarizado con un saber en particular, es tener ganas y la pasión para apostar a algo y no dejar que los contratiempos te hagan perder la fe en tu proyecto”, concluye con una enorme sonrisa, y sus ojos azules se iluminan todavía más.