Tejidos ignífugos argentinos al mundo

Existe un proceso microscópico para crear tejidos textiles ignífugos: a la fibra de algodón, hueca por dentro, se le inyecta un polímero químico que actúa como catalizador y carboniza la llama automáticamente. El tejido se llama Indura Ultra Soft y, gracias a eso, un operario que sufra un accidente eléctrico o de fuego repentino, salva […]


Existe un proceso microscópico para crear tejidos textiles ignífugos: a la fibra de algodón, hueca por dentro, se le inyecta un polímero químico que actúa como catalizador y carboniza la llama automáticamente. El tejido se llama Indura Ultra Soft y, gracias a eso, un operario que sufra un accidente eléctrico o de fuego repentino, salva su vida.

Durante más de cuarenta años, Marshall Moffat, una empresa de capitales argentinos que fabrica prendas ignífugas para industrias petroleras, químicas, de energía y acerías, importó este tejido desde Estados Unidos.

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En 2007, a partir del cepo, se vieron obligados a frenar las obras para ampliar las líneas de producción destinadas a la exportación. Sus principales clientes —Arabia Saudita, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú, Kuwait y el Reino Unido— demandaban, pero Marshall Moffat tenía inconvenientes para importar tejidos ignífugos y, sin ellos, no había manera de producir la ropa. “Nos perdimos de tomar personal en Argentina y de exportar mucho.

Tuvimos que hacerlo desde otro país. Ahora, lo estamos retomando”, dice Mariano de la Puente, director de la empresa, que en 2016 planea contratar 100 nuevos trabajadores, casi un tercio más de los que hay hoy en su planta de Barracas. Desde que pudieron volver a importar insumos, están mudando de vuelta al país las líneas de producción que habían trasladado a Chile. “Argentina va a hacer toda la exportación, como era la idea original”, dice De la Puente. “En 2015 exportamos alrededor de 5 o 6 millones de dólares desde Chile. Esperamos que este año hacerlo desde acá.”